HIstoria 1

Historia del CLAC

- Tomado de la Revista CLAC No. 1 de Noviembre de 1.973

A mediados de noviembre de 1957 recibí una llamada telefónica de Her nán Tobar, con quien no solo me une una cordial am istad, sino también la común afiliación a los automóviles antiguos. Su llamada tenía por objeto invitarme a su casa de campo en Suba, con el objeto de fundar el “Club Colombiano de Automóviles Antiguos y Clásicos”, en asocio de otros amigos, igualmente aficionados.

Yo sabía que Hernán había contagiado con su entusiasmo al reducido grupo invitado a su casa. Había conocido el primer Ford que compró como fruto de sus ahorros en 1942. Era un modelo A de 1931 que había pertenecido a la familia del presidente Pedro Nel Ospina y que conservó impecable por algunos años. Pero fue en 1953, a su regreso de Holanda, cuando renació en él el deseo de reponer el Ford vendido. Tras de muchas pesquisas, descubrió abandonado en los patios de la Circulación un La Salle, Roadster de 1928, en lamentable estado. Con paciencia y constancia inquebrantables adelantó la restauración del automóvil, mientras, por otra parte, buscó entre los amigos apoyo para su afición. Fue así como hizo contacto con Victor Cock, poseedor de otro hermoso La Salle, con Antonio Durana, por entonces director de los Servicios Packard y dueño de un famoso modelo llamado Patricia, con Eduardo Child que tenía por entonces un Lincoln Continental, con Enrique Otero y su Packard, con Jorge Cortés Boshell, Eduardo Restrepo, y su Ford 1928, Jorge Reynolds, Jaime Suárez y quien esto escribe.

Reunidos todos el 24 de noviembre y acompañados por José Gnecco Fallón, presidente del Automóvil Club de Colombia, encantador amigo e infatigable apoyo de nuestro pequeño grupo hasta su consolidación, firmamos el Acta de constitución del CLAC y brindamos profusamente por su nacimiento, su desarrollo y sus éxitos.

Hernán nos describió cómo en otros países existían de tiempo atrás clubes similares, de cuya existencia vino a enterarse por un artículo titulado “New Craze for Old Cars” que encontró al azar en una revista norteamericana y que le descubrió el mundo internacional de la afición por los vehículos antiguos y clásicos.

Fue una tarde soleada y una animadísima noche, en la que con seis automóviles y once socios quedó constituido nuestro Club.

Vino luego una larga y laboriosa etapa en el curso de la cual se estudiaron los estatutos de los clubes extranjeros hasta disponer de los elementos que nos permitieron elaborar los nuestros, con arreglo a las normas internacionalmente aceptadas, pero con características propias en cuanto a Colombia, pues como lo hemos confirmado, no se nos ofrecía la posibilidad de hallar, recuperar y restaurar un extenso número de vehículos.

Dimos por tanto un carácter dinámico y progresivo al Club al aceptar vehículos con 25 años de antigüedad, a fin de que cada año pudiera entrar un nuevo contingente a nuestras filas. Nos propusimos fines constructivos como la cooperación con las autoridades de tránsito, el contacto con entidades similares de otros países y la organización de actividades deportivas y sociales con otros clubes del país. Logramos finalmente plasmar nuestra existencia jurídica al obtener personería y registrar nuestros estatutos y sus anexos ante las autoridades competentes.

Otra larga lucha en que se empeñó nuestro Presidente —que, sobra decirlo, fue Hernán Tobar por largo tiempo—, al cabo de tres años de contactos, apostolado y desvelos conjuntos de los presidentes del CLAC y del ACC, la expedición del Acuerdo No. 24 del Concejo de Bogotá, por el cual se estimula la conservación de automóviles antiguos y clásicos mediante el otorgamiento de placas especiales exentas de impuestos. Fue preciso obtener luego la sanción de varios decretos reglamentarios, gracias a los cuales todos los automóviles que han demostrado reunir los requisitos previstos en dichas disposiciones disfrutan de las placas que distinguen a nuestro Club.

El canje establecido con los demás clubes del mundo nos ha sido de particular utilidad, pues hemos venido recibiendo regularmente las interesantes publicaciones de todos ellos que, sumadas a los muchos libros especializados que el Club ha adquirido, constituyen ya la base para una indispensable biblioteca de información y referencia. Es lástima que nuestras propias publicaciones hayan sido hasta ahora muy limitadas, lo que nos ha impedido corresponder a los envíos de los clubes del exterior y propagar más nuestra naturaleza, objetivos y entusiasmo dentro del país.

Con todo, nos es grato registrar que en Medellín nuestros colegas siguieron los lineamientos de nuestros estatutos para crear en 1964 el ACLA y que obtuvieron de las autoridades municipales disposiciones análogas a las del Concejo de Bogotá. Hay noticias de que en Cali se ha constituido también un grupo similar al nuestro y no se descarta la posibilidad de que en otras ciudades surjan colegas y aficionados que configuren también asociaciones semejantes.

Nuestra sede fue siempre el Automóvil Club de Colombia por haberse creado el CLAC como anexo a dicha institución, y por reconocerla como asesora en nuestros estatutos. Repetidos proyectos para lograr una sede social propia y adecuada se han adelantado en los últimos años. Es de esperarse que esta aspiración pueda realizarse en breve.

Con motivo de la nacionalización de las normas sobre tránsito, transportes y placas, y gracias a los incesantes empeños de nuestros socios y a la excelente voluntad de los Directivos del INTRA, acaba de promulgarse el Acuerdo No. 556 de 1973, en el cual han quedado consagradas las normas y disposiciones relativas a los vehículos antiguos y clásicos y a las placas que los han de distinguir en adelante, en toda la extensión del país.

Han sido innumerables las reuniones de carácter oficial, las competencias y los actos sociales que desde la fundación del Club han tenido lugar. Todas ellas han venido contribuyendo al adelanto y crecimiento de nuestra institución que si, a lo largo de más de quince años de vida, no ha logrado aún estructurar la totalidad de sus servicios y actividades, tampoco ha registrado decaimiento alguno en el ánimo de sus socios. Por el contrario, su nómina inicial de 11 fundadores llega ya casi al centenar de socios y los automóviles registrados en Bogotá pasan de 130.

El CLAC ha sido admitido como miembro de la Federación Internacional

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